Rabeleando… Canto tradicional chileno con rabel.

Con “Rabeleando…” esperamos contribuir a un mayor conocimiento del rabel en la música tradicional chilena, especialmente en relación con sus afinaciones y con el tipo de música que acompañaba.

Llegado a la Península Ibérica junto con los árabes, el rabel se traslada a América con el proceso de conquista y colonización, preferentemente de la mano de misioneros jesuitas y franciscanos. Por esa razón los grandes focos de dispersión del instrumento en nuestro continente corresponden a regiones de fuerte influencia misional, entre ellos la zona guaraní argentino-paraguaya, el sureste y el noreste de Brasil, la Amazonía peruano-ecuatoriana y la Chiquitanía, en Bolivia, lugares de importantes asentamientos evangelizadores en los siglos XVII y XVIII. También se le reconoce una significativa presencia en México, Panamá y en algunos otros países centroamericanos.

En Chile, su práctica suscita controversias entre los estudiosos. Se acepta su ejecución en ciertos lugares del Norte Chico (particularmente en localidades mineras establecidas en el curso del río Choapa) y se discute su práctica en el archipiélago de Chiloé. Pero en lo que están todos de acuerdo es en la vigencia que tuvo en la zona central, particularmente en la cordillera de la costa de la provincia de Linares y en los valles interiores de Colchagua.

Fue, precisamente, en la zona montañosa de la región maulina donde lo encontró, a punto de desaparecer, en 1964, el Instituto de Investigaciones Musicales de la Universidad de Chile. Cueva del León era el poblado donde vivía Emelina Crespo, la última ejecutante de rabel en Chile (fallecida en 1969), quien dejara grabadas para el IIM los dos únicos ejemplos donde se puede escuchar este instrumento chileno ejecutado por una cultora campesina. Desde ahí partimos en nuestras indagaciones. Lo demás lo hemos ido rescatando de la literatura especializada, de novelas y relatos costumbristas, de los recuerdos de viejos campesinos que vivieron esos tiempos, de entrevistas a algunos intérpretes y estudiosos del folclor y de un trabajo comparativo a través de grabaciones del instrumento procedentes de otras culturas, especialmente de España y de otros lugares de América donde ha tenido una vigencia más prolongada.

Dos modalidades de ejecución se observan en este instrumento en Chile. Por una parte, acompañando la danza y la tonada, en una función de predominio claramente femenino. Por otra, junto al guitarrón, como uno de los instrumentos fundamentales en el canto “a lo pueta”, es decir, en el acompañamiento del verso o décimas a lo humano y a lo divino, práctica tradicionalmente masculina. Y en ambascircunstancias con características únicas y específicas de ejecución.

El trabajo que presentamos en este disco compacto es el resultado de un esfuerzo iniciado en la proyección folclórica y continuado en la cátedra universitaria, que pretende mostrar las diferentes formas de ejecución arriba mencionadas. Su propósito, para quienes participamos en él , muestra un importante énfasis hacia lo documental y lo didáctico.

Arturo Urbina se inició en el conocimiento del rabel siendo integrante del Conjunto Cuncumén, a finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Continuó su labor investigadora en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, institución en cuyo Departamento de Música formó la cátedra de Instrumentos Tradicionales Chilenos y, dentro de ella, la asignatura de Rabel Chileno.

Estudio Pillay es una instancia de trabajo conformada por un entusiasta equipo de jóvenes profesoras y profesores de Educación Musical, también egresados de la UMCE y dedicados desde su formación al estudio y práctica de la música de tradición oral. Todos ellos son ejecutantes de otros instrumentos de nuestra organología vernácula, además de la guitarra en diferentes afinaciones.

LAS AFINACIONES DEL RABEL

El rabel, a semejanza de la guitarra traspuesta, debió adaptar permanentemente sus afinaciones a las posibilidades técnicas y vocales del intérprete. En otras palabras -al no tener una afinación universal que le permitiera tocar en cualquier tonalidad, como la mayoría de los instrumentos medioevales-, cada ejecutante afinaba con un temple particular, es decir, con una interválica entre las cuerdas y unas alturas propias, determinado por las razones arriba señaladas y, en gran medida también, por la afinación de la guitarra que lo acompañaba.

Uno de los intérpretes entrevistados para un Seminario de Título (que acompañara a nuestra gran Gabriela Pizarro en un memorable cassette, el año 1981) nos señalaba que él afinaba su rabel “al tono de la guitarra”, afirmación que nosotros entendimos como “a la misma altura de cada una de las (tres primeras) cuerdas de ésta”. De ahí, entonces, nuestra inferencia: si la guitarra campesina es tocada, por lo general, en diferentes trasportes, el rabel debió haber tenido también una variedad de afinaciones, similares a las de la guitarra. Y entre éstas, el intérprete debió tocar siempre en una misma y única afinación. Por lo menos, el uso de las afinaciones más comunes (por trasporte, por 2ª alta y por 3ª alta) han podido ser comprobadas en nuestras investigaciones. A ellas habría que agregar las afinaciones 4ª-5ª y 5ª-4ª (designación que señala los dos intervalos formados por las tres cuerdas, de la más grave a la más aguda) que se ha venido usando desde aproximadamente el año 1970 en la proyección folclórica, especialmente por su facilidad para tocar con pedales.

Arturo Urbina.
Santiago de Chile, 2010.

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Una Respuesta a Rabeleando… Canto tradicional chileno con rabel.

  1. Angelica Lagos dijo:

    He escuchado con mucha detención el CD “Rabeleando”, editado por Alerce, interpretado por Arturo Urbina y Estudio Pillay, todos ellos artistas y profesores de Música, vinculados a la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.
    Aunque soy una persona que desde siempre ha gustado de nuestra música tradicional y la conoce bastante, debo reconocer que el CD señalado constituyó para mí una muy grata revelación, en atención a que –si bien había escuchado con anterioridad el rabel en ejecuciones de otros intérpretes- jamás había logrado darme cuenta de la belleza de este instrumento, de sus posibilidades expresivas y de la cantidad de recursos que posee. Me refiero a las diferentes afinaciones, a la diversidad de géneros musicales que solía acompañar y a los diferentes resultados sonoros que logra en combinación con otros de nuestros instrumentos. Incluso cuando toca solo. A tal punto es así, que el CD (que supera los 50 minutos con 16 canciones en que participa el rabel) se siente corto y en ningún momento me saturó, porque siempre estuvo presentando enfoques diferentes en su interpretación. Mayor mérito si –como señala la carátula, muy clara e informativa- esta grabación es el resultado de años de investigación en un ámbito donde, prácticamente, la información ha sido siempre muy escasa.
    Pero aparte de esta característica, estimo que el CD “Rabeleando” destaca también por la calidad de sus intérpretes, en especial por la cuerda femenina, que agrega belleza y frescura a las interpretaciones; por los arreglos –sencillos, efectivos, muy cercanos a lo tradicional- y por la variedad y representatividad del repertorio escogido. De Arturo Urbina hay que señalar que, aunque hoy suene como un desconocido, es un artista que ya se nos mostró en el Conjunto Cuncumén de los años 60 como un muy buen intérprete y como un destacado director musical.
    Aprovecho de felicitar, además y públicamente, al sello Alerce por apoyar –como siempre lo ha hecho- este tipo de iniciativas.

    Angélica Lagos O. / 3.430.399-1

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